La bandera que se hizo bisagra

09-08-2026 Opinion

Por Manuel Lazo

El “trapo” bajó desde la tribuna para tocar el corazón de millones de argentinos y despertar la conciencia de quienes de tanto andar de tumbo en tumbo, la sentían adormecida. El seleccionado argentino de futbol, había logrado vencer y dejar afuera del mundial nada menos que a esa representación de Inglaterra que había comenzado ganando con gol de Anthony Gordon.

Cuando ya las piernas sentían el agotamiento, y recorrer cada metro del campo de juego significaba un esfuerzo extenuante; cuando a los 85 minutos de juego se dibujaba en nuestros rostros una mezcla de resignación por la derrota, tan luego ante “ellos”, una asistencia de Messi lo puso a Enzo Fernández de frente al arquero Jordan Pickford y desde afuera del área un derechazo que se clavó en el ángulo sacudió la red para parir el renacimiento de una esperanza que necesitó apenas de seis minutos para dar vuelta ese resultado tan ansiado. Fue el “toro” Lautaro Martínez el encargado de apagar el aliento inglés con ese gol que le dio a Argentina la conquista más deseada en el reciente mundial. Las gargantas enrojecieron con el grito triunfal de Argentina; se sucedieron los abrazos; las calles y las plazas se vistieron de celeste y blanco. Algo empezaba a cambiar… Los jugadores ingleses fueron vencidos en el campo de juego, y en otros ámbitos, silenciosos, no pocos masticaban bronca porque el proceso destinado a desmalvinizar yacía en los retazos de una sábana que se extendió en el corazón mismo de la OTAN.

El potrero, la resiliencia, la picardía y esa capacidad que los pueblos suelen mostrar ante la adversidad, se convirtieron en una metáfora que sacudió al poder político asombrado al ver ese renacimiento de los valores de pertenencia arraigados en los barrios donde se gestan desde la infancia y donde se construyen las redes de contención social más firme.

Fue un verdadero ejemplo para una dirigencia que no ha podido, o no ha querido, traducir las verdaderas aspiraciones de las mayorías. Fue un irrefutable mensaje para quienes gobiernan de espalda a la gente y que evidencian no haber aprendido la importancia del esfuerzo colectivo, del trabajo en equipo, de la humildad y tantos otros valores que están por encima del individualismo.

Aquella sabana sobre la que se estampó un fuerte sentimiento patriótico y el NO a la extranjerización de la tierra tienen un mismo hilo conductor porque la energía social suele convivir con reclamos económicos o políticos, aunque no siempre se traducen en un plan de cambio.

En estos días, y pese a la salvaje represión, infiltrados y otras yerbas, se mantiene vigente el sentimiento patriótico que generó el fútbol. O alguien cree que las marchas y reclamos que se replicaron en todo el país contra la intención de ampliar la extranjerización de la tierra no contiene el mismo sentimiento identitario igual al que se manifestó cuando los jugadores exhibieron una bandera de “Las Malvinas son argentinas”; en el campeonato mundial de futbol? Paradójicamente el presidente Javier Milei cuestionó mezclar el deporte con gestos de soberanía al mismo tiempo que tenía preparado un proyecto que resignaba parte de nuestra tierra para ponerla en manos de extranjeros.

En un contexto de división y malestar social aquella bandera se hizo bisagra para convertirse en un símbolo de unidad popular, también contra las medidas económicas del gobierno. Ha sido, en síntesis un reflejo del creciente descontento para el que la única respuesta del gobierno es la represión.

Autor: Oscar Arnau