Luego que se produjera un procedimiento en la Ruta 28 que une Sauce (Corrientes) y Feliciano (Entre Ríos) y en el que se incautó 250 kilos de cocaína y se detuvo a 2 personas, la pregunta que se impone es ¿Quiénes son los detenidos?
Carlos Manuel Fiordelino, de 53 años, y un joven de 19, identificado como Benjamín Ariel Maciel, ambos con domicilio en la provincia de Corrientes y el vehículo Mercedes Benz tenía la patente AD484CZ (duplicado).
Se desconoce por el momento el destino final de la droga, pero no se descarta que el viaje narco tuviera un paso por la capital provincial o la ciudad de Santa Fe.
¿Quién es Fiordelino?
Carlos Manuel Fiordelino no es un nombre desconocido para quienes investigan el comercio de drogas en Argentina, ya que ha sido, a inicios de la década pasada, uno de los hombres más buscados del país.
Rosarino, hijo de un comisario retirado, Fiordelino acumuló decenas de causas penales a lo largo de su vida. La cercanía con la fuerza de seguridad le permitió operar durante décadas en las sombras de Rosario y sus alrededores.
El capítulo que lo volvió notorio a nivel nacional ocurrió en marzo de 2011, en la localidad de Funes, en el Gran Rosario. Fiordelino había sido apresado en Funes con 55 kilos de marihuana y una pistola, tras enfrentarse a tiros con la Policía. No era una detención menor. El cargamento, la resistencia armada y el perfil del detenido configuraban un caso de primera magnitud para la Justicia Federal.
El 5 de junio de ese mismo año, Fiordelino salió caminando de la Alcaidía Mayor de Jefatura de Rosario. La fuga desencadenó una investigación interna que desembocó en la detención de un comisario y un agente, entre otros, acusados de haberle abierto deliberadamente las puertas al narcotraficante.
Durante los cinco años siguientes, Fiordelino logró mantenerse prófugo, y se manejó con siete identidades falsas. El Ministerio de Justicia lo incluyó en su lista de los 10 delincuentes más buscados del país.
Esta situación finalizó en la madrugada del domingo 17 de julio de 2016. Fiordelino paró a cargar nafta en el BMW blanco que conducía en una estación de servicio YPF sobre la ruta 26 en Tortuguitas, Buenos Aires. Lo acompañaban su pareja y además una camioneta Mercedes Benz Sprinter con dos ocupantes.
Un llamado anónimo llevó a un operativo a cargo de la división Drogas Ilícitas de Zárate-Campana bajo las directivas del juez federal Adrián González Charvay.
Rodeado por una docena de efectivos bonaerenses, Fiordelino intentó negociar: «Conmigo te sacaste la lotería», le dijo al comisario que tenía enfrente. Le ofreció un millón de pesos, pero la propuesta fue rechazada. En el asiento trasero del BMW, los policías encontraron un fusil de asalto M4 calibre .223, que no tenía número ni licencia, un kilo de marihuana paraguaya, más de 100 municiones Magtech y una pistola Bersa con silenciador.
Fiordelino presentó una cédula de autorización de manejo de notable calidad de impresión, pero apócrifa, con un nombre falso y un número de DNI que variaba en apenas dos dígitos de su número real. Ese alias apareció al cruzarse en el registro de Reincidencias junto con otros seis que Fiordelino usaba y su nombre verdadero. Terminó en el penal de Magdalena, a disposición del juez González Charvay.
El hilo que lleva a otra red
La trayectoria de Fiordelino no fue solo la de un operador solitario. Su caso funcionó, en más de una oportunidad, como hilo conductor hacia otras redes del narcotráfico santafesino.
La investigación que llevó a la detención de Leonardo Popea (dueño de una cocina de pasta base en Rosario, donde se elaboraban estupefacientes que luego se comercializaban en seis ciudades del sur provincial) se inició de manera colateral a una causa en la que se investigaba precisamente a Carlos Fiordelino.
Popea había dado un salto brutal hacia el negocio de las drogas. En mayo de 2013, el operativo «Otoño Blanco» desbarató su red: 23 allanamientos, 29 kilos de cocaína, 3,6 kilos de marihuana, 100 kilos de sustancias para estirar la droga, 57 litros de precursores químicos, tres autos, dos motos y 15 detenidos, entre ellos un ex policía. En 2017, Popea fue condenado a ocho años de prisión.
La conexión Fiordelino-Popea ilustra una constante del narcotráfico regional: las investigaciones raramente terminan donde empiezan. Cada causa es, potencialmente, una puerta hacia otra estructura más amplia.