Un comentario sobre el silencio

23-05-2026 General | Conversaciones 2026

IMG-20260523-WA0008Por Franco Vago*

Valdría el acto de dejar en blanco la hoja dado que comentar sobre el silencio no deja de ser algo paradójico. Hagamos el intento partiendo de una simple apreciación: el silencio no es ausencia de sonido, uno puede defenderse de todo tipo de sonidos provenientes del exterior (aunque no sea posible la reducción acústica total) y aun así sentir un ruido abrumador en forma de imágenes, pensamientos, ideas.

La época actual parece tener aprecio por lo ruidoso, cada vez que un silencio asoma hay toda una serie de dispositivos que lo rechazan o lo convierten en una experiencia de consumo: scrollear en cualquier nivel. Desde llenarse de imágenes, reels, canciones, memes, personas vendiendo cómo meditar, alguien que dice cómo hacerte millonario en 3 días y así. Todas experiencias ruidosas o, al menos, que no colaboran con la presencia de un silencio que postula una pausa en el circuito automático de las palabras.

En el terreno de las experiencias ruidosas yace el imperativo de la transparencia, la demanda continua de decir quién se es, cómo se vive, qué se debe hacer, y todo aquello que alimente a la inmediatez que la exhibición pide. Una época que empuja a la compulsión y que convierte al actor social en un siervo de ideales. He aquí un problema: compulsión mata acontecimiento, y el silencio requiere de este último, mientras que la compulsión vive de la vociferación y de la repetición. Vociferar, en lo posible a volúmenes fuertes, al punto tal de autopercibirse un león.

El silencio es un intervalo, una puesta en paréntesis del goce del puro bla-bla del cual nadie está exento. No es dejar de hablar, pues quedarse callado no garantiza un intervalo. Tampoco es desconectarse del mundo o retirarse de él. No es un estado ni una mercancía ¿dónde comprar un poco de silencio? Tampoco es callar al otro ni apuntar a un ideal pacificador. El silencio supone un acontecimiento discreto, casi imperceptible, es como un primo hermano de la escucha, que se resiste a ser programado dentro del menú que ofrece la maquinita virtual en forma de smartphone.

A esta altura del comentario, lo único seguro es que los silencios se establecen según un valor, no de mercancía, sino de acontecimiento. Y quizá sea precisamente eso lo que la época, atiborrada de excesos, no pueda tolerar: que no todo deba ser inmediatamente dicho, escuchado, mostrado o explicado para que ese algo verdaderamente ocurra.

Los tipitos lo dijeron así: silencio, espero el silencio / un montón de bocas como parlantes / saturan el aire.

 


*Franco Vago: Lic. en musicoterapia (Usal). Diplomado en clínica psicoanalítica (Asoc. Argentina de Salud Mental). Miembro de APOLa (Apertura para Otro Lacan) sociedad de investigación en psicoanálisis. Posgrado en psicoanálisis y autismos (UNC). Profesor universitario en UMAZA. Trabajador de salud mental y de prácticas subjetivantes.

Autor: Oscar Arnau

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