La angustia de un productor: “Con estas políticas, la citricultura termina en un cementerio de plantas”

11-03-2019 Opinion

Es suficiente un breve diálogo con los productores de mandarinas y naranjas del nordeste argentino para descubrir que la citricultura es para ellos muchísimo más que un “negocio”. Se trata más bien de una “identidad”, un modo de vida, en estrecho vínculo con esas plantas a las que cuidan con esmero para que, en una época del año, se llenen de azahares y sus frutos anaranjados asomen de entre el follaje, brillando bajo el sol litoraleño.

“Mi abuelo materno era citricultor. Después fue mi padre citricultor. Luego, hicimos una sociedad de hecho entre mis hermanos y yo. Puedo decir que nací siendo citricultor y soy tercera generación” cuenta Hugo Rodríguez, con un tono de voz que mezcla el orgullo con una tristeza e indignación inocultables.

A los 64 años, se da cuenta que, así como va la actividad, sus hijos no tomarán la posta y sus quintas, ubicadas en la zona de Colonia Yeruá, en el Departamento Concordia, tal vez terminen convertidas en “un cementerio de plantas”. “Mis hijos, hoy, con lo que está atravesando la citricultura, ni la quieren ver. O sea que estoy remando solo”, confiesa.

Enseguida, buscando responsables, señala al funcionariado: “Debido a las políticas que están aplicando estos gobiernos con las economías regionales, las generaciones nuevas no quieren dar continuidad ni a la citricultura ni a la fruticultura. Se están yendo de las zonas rurales a hacer cualquier otra cosa, menos la actividad con la que se criaron”.

A decir verdad, no sólo sus hijos miran de reojo al citrus. También sus hermanos hace tiempo ya que se retiraron de la actividad. “Por la falta de rentabilidad del negocio, mis hermanos se fueron y quedé solo. Mi hermana abandonó todas las quintas, no las tiene más, y mi hermano tampoco las tiene”, cuenta.

– ¿Cuál fue el último año bueno para la exportación de citrus dulce, antes de que comenzara el declive?

– Debe haber sido entre el 2007 y el 2008. De ahí en más no es que hubo un declive; fue todo un desastre.

– ¿Qué medidas oficiales pueden servir para empezar a revertir la crisis? ¿Líneas de crédito?

– Si van a dar créditos para la reconversión citrícola y reponer maquinarias, necesitamos que sea subsidiado a 15 años. Pero, ¡guarda con los créditos! Porque al no tener rentabilidad la actividad, con los créditos te ponés una mochila de plomo encima.

– ¿Qué es lo primero que hay que hacer para recuperar la rentabilidad?

– Acá lo que tenemos que hacer es sacar retenciones, sacar el arancel que nos cobran para entrar a la Unión Europea, reducir el costo laboral, que es enorme, en especial por la industria del juicio. Así como vamos, no somos competitivos con nadie. Sudáfrica nos mata, Perú nos mata, Chile nos mata. Por ejemplo, ellos entran a Europa sin pagar un centavo de arancel mientras nosotros pagamos entre el 16 y el 20%.

Nosotros compramos los insumos a precios basados en el dólar oficial, mientras que por la exportación, cuando tenemos que entrar las divisas al país, el Estado nos paga en base a un dólar de 33 o 32 pesos. O sea que pagamos nuestras deudas con un valor de 43 y a nosotros nos pagan a 33. Ahí tenemos un desfasaje impresionante, culpa de las retenciones y un montón de cosas.

– ¿Abrirán todos los empaques este año?

– Los galpones de exportación en un momento dado van a abrir, pero antes lo hacían de marzo a septiembre y noviembre, mientras que hoy se van a exportar algunas variedades puntuales, nada más. Si se abre, se va a exportar muy poco.

Naranjas no podemos exportar especialmente por los impuestos. Las mandarinas, tenemos el problema sanitario también. Porque, al no tener rentabilidad y sin recursos, no se están haciendo los laboreos y las curas que verdaderamente necesitan las plantas para lograr una buena sanidad. Entonces, tenemos quintas o frutas de 7 puntos.

Puede haber empaques que directamente no van a poder abrir y si lo hacen van a exportar alguna variedad puntual que pueda ser rentable, nada más. Pero hay variedades que no se van a exportar.

Desde Entre Ríos, advierten que las exportaciones de cítricos caerían a la mitad por los costos

– ¿Quedará gente en la calle?

– Mucha. El impacto de todo esto en el empleo será inevitable, al no haber cosecha, no haber empaque.

– La fruta que no se exporta, ¿puede venderse para jugo y consumo en el mercado interno?

– Las fábricas están atoradas de jugo y no reciben más fruta. El argumento es que están haciendo mantenimiento, pero cuando vuelvan a abrir, va a haber variedades que no van a recibir y el precio va a ser mucho menor que el año pasado.

Están quedando naranjas en las plantas. No se las ha podido mandar a fábricas. A eso se agrega un mercado interno de consumo de fruta fresca totalmente pinchado, desinflado, una recesión total. Todos los frentes están complicados.

“Están quedando naranjas en las plantas” dijo Rodríguez

– ¿Se sienten acompañados por el gobierno provincial, considerando que el citrus es una de las economías regionales más importantes de Entre Ríos?

– Hemos tenido muchas reuniones con el secretario de producción de Entre Ríos. Al gobernador nos cuesta mucho llegar. Nos recibe Álvaro Gabás. Nos escucha, nos escucha, nos escucha, dice que tenemos razón, pero ¿ayuda?, ¡nada! No tenemos ningún tipo de ayuda. Y hace rato que no llegamos a Bordet.

– Años atrás, la provincia apoyaba la cura de las plantas apelando a un fondo especial para créditos subsidiados. ¿Eso continúa?

-No tenemos ayuda crediticia y, si hay algo, que es del CFI, llegás a la puerta del Banco de Entre Ríos -porque el CFI opera con esa entidad- y te piden hasta el certificado de defunción de tu tátara abuelo. Y, por más que sean subsidiados los créditos, estamos hablando de tasas de un 20$, 24% y, al no tener rentabilidad en tu negocio, no lo podés devolver. Un crédito al 24% es ponerte una mochila de plomo encima.

– ¿Tienes miedo de correr la misma suerte de todos aquellos que ya tiraron la toalla y abandonaron la citricultura?

– Yo tengo 64 años. Mi hijo es ingeniero agrónomo. Hoy no le atrae la citricultura, está trabajando en agricultura. El otro es Licenciado en Administración de Empresas. Yo, con 64 años, voy a seguir en esto y no voy a bajar los brazos. Pero cuando tenga dos o tres o cuatro años más y ya el físico no de, voy a empezar a abandonar lo que he hecho toda mi vida, desde que nací prácticamente.

Yo puedo invitar a mis hijos a que vengan al negocio, siempre y cuando tengan una rentabilidad, tengan una alegría, siempre y cuando puedan vivir relativamente bien. Pero si no, ¿a qué los vas a invitar, al infierno? Con estas políticas para las economías regionales, yo pienso que la citricultura acaba con mi generación, termina en un cementerio de plantas.

– ¿Ni siquiera podrán usar los campos para otro propósito?

Si vos te dedicás al trigo, a la soja, o algún otro sembrado, si un año te fue mal con un grano, podés cambiar por otro al año siguiente. Pero yo a la planta la tengo que plantar y esperar 8 a 9 años para que produzca. El citrus es plantación, no es sembrado, y cuando abandonaste una planta por no cuidarla, te cuesta tres o cuatro años recuperarla de nuevo.

Tal vez por eso los citricultores estamos tan arraigados, porque las mismas características de las plantas, las extensiones de las quintas, su suelo y, muy especialmente, la gran cantidad de personal empleado, todo parece ligar nuestro destino al citrus para siempre, sin que haya manera fácil de cambiar de actividad. Y si intentas cambiar, se termina todo, porque casi seguro que pierdes hasta las quintas por los juicios laborales.

Fuente: El Entre Ríos
Autor: Oscar Arnau