Con El Niño proyectado para mediados de año, el otoño en Argentina se perfila sin un forzante global dominante, con persistencia de calor, déficit de lluvias y riesgo de incendios.
El avance del otoño meteorológico encuentra a Argentina bajo un escenario de transición climática en el que El Niño todavía no se consolida, pero ya condiciona las proyecciones estacionales. Según el análisis de Mauricio Saldívar, de Meteored, los modelos coinciden en que el fenómeno podría instalarse hacia mediados de año, por lo que durante el trimestre marzo-mayo el clima funcionará sin un “director” global claro, lo que incrementa la variabilidad.
“Sin dudas, el gran director del clima global es el ENOS, más conocido como el fenómeno El Niño”, explicó Saldívar al analizar el contexto actual. Sin embargo, aclaró que durante el verano “amagó con manifestarse en su fase fría (La Niña), pero el leve enfriamiento que se manifestó sobre el océano Pacífico oriental no tuvo la intensidad ni la duración como para ser oficial y uniformemente declarada por los centros mundiales”.
En ese marco de neutralidad del ENOS, el especialista advirtió que la atmósfera responde a forzantes de menor escala. “Al no haber un forzante climático a escala global, el tiempo parece funcionar de manera caprichosa, pero en realidad está bajo la influencia de forzantes de menor escala espacial y temporal, lo que aumenta la variabilidad del tiempo y el clima”, sostuvo.
El verano cerró con un comportamiento dispar en materia de lluvias. En la franja oeste del país, desde Cuyo hasta el NOA, las precipitaciones estuvieron muy por encima de lo normal, con eventos persistentes que generaron anegamientos, daños materiales y pérdidas económicas.
En contraste, la región pampeana y la zona núcleo atravesaron diciembre y enero prácticamente sin lluvias. Recién en febrero se registraron precipitaciones desiguales que permitieron cierta recuperación de cultivos, aunque también se produjeron episodios de tiempo severo que impactaron con fuerza en el centro y sur de Santa Fe, Entre Ríos y el este de Córdoba.
En cuanto a las temperaturas, la Patagonia y la región central mostraron valores de normales a superiores a lo normal, mientras que el norte argentino tuvo registros mayormente normales e incluso levemente inferiores durante el inicio del verano.
De cara al otoño, y considerando la neutralidad actual del ENOS antes de que El Niño se consolide, las previsiones indican una marcada variabilidad en las lluvias. En la zona núcleo, las precipitaciones se ubicarían entre normales y levemente deficitarias, con los mayores faltantes en el sur del Litoral y el norte bonaerense.
El especialista subrayó que podría persistir la ocurrencia de eventos de tiempo severo distribuidos de forma heterogénea, tanto en la región central como en el nordeste del país. Este escenario implica que, aun en un promedio estacional deficitario, no se descartan tormentas intensas de corta duración.
En la Patagonia, especialmente en áreas afectadas por incendios forestales, el déficit de precipitaciones se mantendría al menos hasta la mitad de la estación, con una leve recuperación posterior. Esta combinación enciende señales de alerta para el sector productivo y ambiental.
En el plano térmico, el análisis incorpora el trasfondo del calentamiento global antropogénico. Saldívar recordó que en las últimas décadas casi todos los meses registraron temperaturas por encima del promedio del siglo XX.
Los modelos de Meteored proyectan un otoño más cálido que lo normal en gran parte del país, con marzo como el mes de mayores anomalías positivas, especialmente en el extremo norte, donde podrían alcanzarse hasta 2 °C por encima de los valores habituales.
Esta situación, de temperaturas más cálidas, enciende las luces de advertencia respecto del riesgo de incendios de pastizales y forestales, si la combinamos con el escenario previsto de falta de lluvias en zonas críticas de la Patagonia y el centro de Argentina”, alertó el especialista. Además, remarcó la necesidad de monitorear de cerca el impacto en la agroindustria, un sector altamente sensible a la variabilidad climática.
Finalmente, Saldívar aclaró que estas tendencias describen un comportamiento general estacional y no permiten anticipar el tiempo día por día. La atmósfera, recordó, es un sistema caótico donde pequeñas variaciones pueden generar grandes diferencias. Por eso, recomendó seguir las actualizaciones de los modelos en marzo para evaluar si el déficit hídrico se mantiene o si aparecen señales de recuperación antes de que El Niño asuma un rol protagónico en la segunda mitad del año.